El 11 de julio, una comitiva del Planetario viajó a Pehuajó
para observar y fotografiar el fenómeno.


Eclipse de sol: crónica y fotos

Por Lic. Mariano Ribas*
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Fue una experiencia inolvidable. Y queremos compartirla: el domingo 11 de julio, un equipo del Area de Astronomía del Planetario de la Ciudad de Buenos Aires se trasladó hasta la localidad bonaerense de Pehuajó, para registrar un eclipse de Sol, uno de los espectáculos más impactantes de la naturaleza. Y aquí están los resultados: crónica y fotos de una jornada intensa, emocionante… 100% astronómica.

Panorama del eclipse
En Argentina, el eclipse solar del 11 de julio sólo fue total en el una pequena porción del Sudoeste de la provincia de Santa Cruz, incluyendo los alrededores de la ciudad de El Calafate (la “totalidad” también recorrió el sur de Chile, y una larga y sinuosa franja sobre el Océano Pacífico, incluyendo la Isla de Pascua”). En el resto del país el fenómeno fue parcial, con grados de profundidad muy diferentes según la distancia con respecto a la zona de totalidad: mientras que en el resto de la Patagonia el eclipse parcial fue muy profundo, con la Luna tapando entre el 70 y 99% del diámetro del Sol, en el Norte del país apenas alcanzó un 20 a 30%.
Con respecto a la Capital Federal, las perspectivas del eclipse no eran malas, dado que hacia la puesta del Sol, la Luna llegaría a cubrir el 42% del disco solar. Un eclipse parcial, sin dudas, interesante. Sin embargo, y al igual que en todo el país, el fenómeno ocurriría a muy baja altura sobre el horizonte del Noroeste. Y dada la presencia de árboles en todo el parque lindero al Planetario, el encuentro aparente entre el Sol y la Luna sería prácticamente inobservable desde nuestra institución. Por eso mismo, en una gacetilla que fue difundida por todos los medios de comunicación, el Planetario había recomendado al público de la ciudad de Buenos Aires “observar el eclipse desde lugares altos y sin obstáculos visuales hacia el horizonte Noroeste”. Pero más allá de estas naturales recomendaciones, había otro elemento crucial y determinante: el tiempo.

“Salir a buscar al eclipse”
Efectivamente: desde el viernes 9 de julio, las perspectivas meteorológicas eran muy desalentadoras para la Capital Federal, provincia de Buenos Aires y buena parte del país. Y al día siguiente, ya no quedaban dudas: el domingo 11 el cielo estaría completamente nublado y lluvioso en nuestra ciudad y alrededores. El eclipse no se podría ver desde aquí. Así que decidimos “salir a buscar el eclipse”. Al fin de cuentas, estos grandes espectáculos de la astronomía son muy esporádicos.
La estrategia de “salir a buscar el eclipse” tuvo dos pasos fundamentales: primero, analizar cuidadosamente el cuadro de situación meteorológica en la región, con vistas al anochecer del domingo: fundamentalmente, el comportamiento de las masas nubosas, su ubicación, movimiento y velocidad. Y para ello recurrimos no sólo a los pronósticos locales (del Servicio Meteorológico Nacional), sino muy especialmente a un monitoreo y análisis propios de las imágenes satelitales. Segundo, a la luz de esos análisis de último momento, había que elegir un lugar dentro de un rango de distancias razonables (hasta 600 kilómetros de la Capital Federal), que pudiésemos alcanzar por tierra en cuestión de horas. Así nos decidimos por un sitio ubicado a 370 kilómetros al Sudoeste del Planetario: las tierras de la famosa tortuga “Manuelita”…

El momento culminante llegó apenas pasadas las seis de la tarde, ya casi en la puesta del Sol, cuando la Luna llegó a cubrir el 54% del diámetro solar. Una vez más, estas dos fotos nos muestran la doble perspectiva: lo que se veía a simple vista, y el primer plano telescópico:
Pehuajó: todo listo
En Pehuajó, el día del eclipse comenzó totalmente nublado, ventoso, y con una ligera llovizna. Y unos pocos turistas se tomaban, a las apuradas, algunas fotos junto al monumento de la tortuga más famosa del país. Sin embargo, y tal como lo esperábamos, la gruesa franja nubosa se fue desplazando hacia el Este de la provincia de Buenos Aires. Apenas pasadas las 14.00 hs., el cielo comenzó a despejarse en la pequena y tranquila localidad, a fuerza de un viento fuerte y helado que llegaba desde el Sur. Una hora más tarde, Pehuajó disfrutaba de un cielo completamente despejado. Limpio, celeste y con el Sol a pleno. Eso si, hacía mucho frío. Y el viento pegaba duro. Pero, la verdad, eso poco importaba.


Minutos antes de las 5 de la tarde, la comitiva del Planetario (encabezada por Mariano Ribas y Walter Germaná) ya estaba instalada en el lugar de observación: un camino de tierra, a campo abierto, en las afueras de la pequena ciudad. Tras una rápida puesta a punto de los telescopios, filtros y cámaras de fotos sólo restaba esperar…
Eclipse, paso a paso
Y el eclipse comenzó: exactamente a las 17:08 hs, la Luna “tocó” el borde Oeste del Sol, iniciando su lenta pero imparable marcha por delante del resplandeciente disco de nuestra estrella. Cinco minutos más tarde, a las 17:13 hs, tomamos esta foto (con una cámara digital, acoplada a un telescopio refractor de 120 mm. de diámetro y un filtro solar de mylar)…


Y veinte minutos más tarde, obtuvimos esta otra…
Con el caer de la tarde, el eclipse fue ganando en dramatismo. La vista a través de los telescopios era cada vez más impresionante: hacia las 17:45 hs, la oscura silueta lunar ya había cubierto el 42% del diámetro solar.
El “mordisco” negro era cada vez más notable. Incluso a simple vista: dada la poca altura del Sol sobre el horizonte (apenas 4 o 5 grados), la absorción atmosférica de su luz, sumada a la presencia de una suave bruma, permitía observarlo perfectamente a ojo desnudo, sin peligro alguno para la vista. Las dos imágenes siguientes (la primera una tomada con telescopio, y la segunda sólo con la cámara) nos muestran el gran espectáculo astronómico en el atardecer pehuajense:
Puesta de Sol
El gran final Ya poco quedaba. Apenas unos instantes. Pero fueron verdaderamente memorables: a las 18:05 hs, un Sol profundamente eclipsado, pálido, y de color amarillo-anaranjado, comenzaba a fundirse con la línea del horizonte, como queriendo tocar los lejanísimos árboles que se perdían a la distancia.
Un minuto después, el abrazo del Sol y la Luna se recortaba perfectamente en la línea del horizonte campestre.
Había pasado casi una hora desde el comienzo, y era momento de partir. La noche empezaba a caer sobre Pehuajó, y el fuerte viento hacía notar aún más el intenso frío (unos 5°C).
Epígrafe de la foto: La comitiva del Planetario, de izquierda de derecha: Hernán Cabral, Lic. Mariano Ribas, Marco Ribas (5 anos), Rosalí Helman, Ing. Alejandro Torretta, Pablo Cabral, Lic. Walter Germaná. Y Diana Sierra, que sacó la foto.
El equipo del Planetario desarmó el equipo utilizado: tres telescopios refractores de 120, 90 y 80 mm, con sus respectivas monturas o trípodes. Y rápidamente inició el largo regreso a Buenos Aires. En sus manos, cada uno llevaba sus cámaras, con una carga preciosa: las fotos que aquí les presentamos. Y en su memoria, una experiencia de aquellas… !Misión cumplida!
* Coordinador del Area de Astronomía del Planetario de la Ciudad de Buenos Aires